Biocombustibles de segunda generación para el 2030

La polémica de los biocombustibles vino de la mano de los cultivos energéticos dada la inquietud del aumento de los precios de los alimentos básicos al competir con los cultivos alimentarios, entre otros inconvenientes (si la apuesta por las tierras agrícolas irá en detrimento de los bosques, si hay disponibilidad de agua para estos nuevos cultivos, etc). Ahora, con los biocombustibles de segunda generación, obtenidos de cultivos no alimentarios, desaparece esa inquietud. Estos biocombustibles comenzarán a comercializarse dentro de unos diez años según asegura Mercedes Ballesteros, responsable de biomasa del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (Ciemat).

Estos biocombustibles se fabrican a partir de biomasa no alimentaria, como paja de cereal, restos de madera, residuos sólidos urbanos e incluso aceites vegetales tratados con hidrógeno, unas materias primas baratas y sin otros usos que sustituirán a los vegetales aptos para consumo humano utilizados actualmente.

Sin embargo, su comercialización se ve todavía lejana porque, según datos de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), en todo el mundo sólo funcionan 66 plantas de demostración de biocombustibles de segunda generación y la viabilidad de estos proyectos todavía no está clara. España sólo cuenta con una planta, propiedad de Abengoa, que utiliza como materia prima la paja del cereal.

Beatriz Álvarez, de la sección de biocarburantes de la Asociación de Productores de Energías Renovables (APPA), cree que los primeros biocombustibles no alimentarios serán comerciales en un par de años, mientras el investigador de Repsol Enrique Espí ve esta tecnología como una simple transición hacia los carburantes a partir de algas, pero hasta dentro de cinco años no se sabrá si serán competitivas con los cultivos terrestres.

Lo cierto es que el Plan de Acción de Energías Renovables elaborado por el Gobierno no prevé una producción relevante de biocombustibles de segunda generación hasta 2018 y, además, no precisa el porcentaje en que se mezclarán con los fósiles.

Mercedes Ballesteros fue tajante en el 2008, cuando expuso ’Biocarburantes: opción sostenible para el sector del transporte’: las emisiones de CO2 no se reducirán de forma ’significativa’ mientras se sigan usando derivados del petróleo y ’hoy por hoy, la única alternativa de diversidad enérgetica para el transporte son los biocombustibles’. Sin embargo, cabe recordar que el CIEMAT realizó este año un análisis del ciclo de vida de los biocarburantes y su conclusión fue que por cada kilómetro recorrido con biodiésel puro, las emisiones de CO2 se reducen entre un 76 y un 91%. Respecto al etanol, cuanto mayor es la mezcla con la gasolina, mayor es la reducción de emisiones. Así, la mezcla E85 evita la emisión de 170 gramos de CO2.

Fuente: EFEverde y La Región, donde podéis encontrar una pequeña entrevista a Mercedes Ballesteros, realizada el 23-01-2008.

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